Me pasean en camioneta por la ciudad, tengo
seguridad, la gente me quiere abrazar y saludar.
Hoy me invitaron a un programa de FOX,
quieren que hable de mí, que cuente como empezó, el problema es que estoy
confundido, no logro entender dónde estoy, en qué fecha estamos, ni que pasó,
las cosas no están claras para mí, no sé si estoy en Plutón o Venus, solo sé
que me quieren en FOX como si fuese una especie de actor y yo no sé ni quién
soy.
Algo llama mi atención, están todos
con el celu, en la calle, en los hospitales, en los recitales, en
los trabajos, en las plazas, en las playas, los niños, los adultos, hasta los
ancianos, todos con el celu.
Debo admitir que estoy asustado, el ritmo de la
ciudad cambió, yo me volví famoso y no sé ni por qué, ahora todos quieren saber
de mí, hasta los que no me conocen, creo que no soy aquél que esperan, pero
quizás, cuando me conozcan, sepan que no soy de aquellos que quiere andar con Kate
Moss. En esta realidad hay mucho caramelo, en esta realidad están
vendiendo el cielo.
Vine a correr un rato a la plaza, hace mucho no
corría, que linda la libertad de moverte, el aire que pega en la cara, esto es
vida.
Alguien me reconoció, agarró su celu y se puso
a correr al lado mío, filmándome, como si yo no tuviese derecho a la
privacidad. Sigo corriendo, ahora son más de cinco los que corren a mi
alrededor. Me están tirando el pelo, me están secando los ojos, me están
mordiendo el dedo. Corro más rápido, no me siento a salvo, la plaza me aplaude,
los flashes me encandilan.
Quieren que hable de ellos, pero yo no sé ni
quiénes son.
Me llevaron a FOX, me quieren ver con Kate Moss
y yo no sé ni quiénes son, yo simplemente desperté de un coma quince años
después, luego de caerme en las vías del tren.
Agustina Felicito.

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